Tiempo de bloque
El tiempo de bloque es el intervalo medio entre los bloques consecutivos que se añaden a una blockchain: en la práctica, el latido de la red, que determina con qué frecuencia se confirman nuevos lotes de transacciones. Cada cadena apunta a un ritmo distinto: Bitcoin busca aproximadamente diez minutos, Ethereum produce un bloque cada doce segundos con un calendario fijo, y algunas cadenas de alto rendimiento como Solana apuntan a bastante menos de un segundo.
La forma de mantener el tiempo de bloque difiere según el diseño del consenso. Las cadenas de proof of work no pueden programar los bloques —la minería es una lotería aleatoria—, así que ajustan periódicamente la dificultad del acertijo para mantener el promedio en el objetivo; los bloques individuales de Bitcoin pueden llegar con segundos o con más de una hora de diferencia aunque el promedio se mantenga cerca de los diez minutos. Muchas cadenas de proof of stake usan en cambio «slots» fijos, de modo que los bloques llegan a un ritmo regular salvo que un validador pierda su turno. Por ejemplo, si pagas con bitcoin, tu transacción recibe su primera confirmación cuando se encuentra el siguiente bloque, y los comercios suelen esperar varios bloques —decenas de minutos— antes de dar por liquidado un pago grande.
Un error común es creer que un tiempo de bloque más corto hace simplemente mejor a una cadena; los bloques más rápidos confirman antes, pero se propagan peor por la red, lo que provoca más bloques huérfanos y confirmaciones individuales más débiles, de modo que la seguridad por bloque disminuye. El tiempo de bloque es una palanca entre varias —tamaño de bloque, reglas de finalidad, diseños de Layer 2— y las cadenas eligen puntos distintos en el equilibrio entre velocidad y robustez, sin que uno sea objetivamente el correcto.